29 dic. 2010

CARGA TOXICA CARLOS DE PRADA

No somos debidamente conscientes de ello,pero en nuestros cuerpos se ha producido un cambio sin precedentes en la historia evolutiva.
El 100% de los habitantes de los países occidentales tenemos concentraciones de cientos sustancias tóxicas peligrosas, muchas de ellas de origen artificial.
Al respecto se han realizado análisis muy serios por parte de diversas instituciones científicas.
En España uno de los científicos que se ha ocupado más de este tema ha sido el epidemiólogo Miquel Porta que lamenta que la Administración española aún no se haya ocupado debidamente de monitorizar sistemáticamente esta cuestión en la población nacional.
Una de las cosas que más contribuyó a divulgar esta realidad fué una campaña del WWF en la que se encargó a unos laboratorios el análisis de la sangre de decenas de ministros, eurodiputados y otras personas de 17 países.
Se detectaron 76 productos tóxicos, persistentes y bioacumulativos, con una media por persona de 41 compuestos. Evidentemente el número de sustancias descubiertas depende de las que se busquen. En este caso se buscaron 101. En otro estudio de EE.UU. en el que se buscaron 210 se encontraron 167, con una media por persona de 91. Si se hubiese buscado con parámetros para detectar miles de sustancias se habrían encontrado centenares de esas sustancias.
Entre las sustancias detectadas han aparecido hexaclorobenceno, lindano, policlorobifenilos, dioxinas, DDT, ftalatos, compuestos perfluorados, endosulfán,… Sustancias sobre las que, con frecuencia, hay una nutrida literatura científica que las asocia a los más diversos posibles problemas sanitarios.
Son sustancias que llegan a nosotros a través de la dieta, del agua, del aire , a incluso a veces a través de cosméticos, perfumes, etc.
La creencia general es que esas sustancias están en nosotros a niveles “bajos” y que, por tanto, no cabe suponer que puedan generar efectos sobre nuestra salud.
Sin embargo, lo que la ciencia más avanzada nos dice, aplicando la mejor tecnologia de estudio, es que los niveles “bajos” producen efectos biológicos, a veces incluso más que los niveles más “altos”.

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